Cuando te liberas del temor y la culpa te habrás liberado de algo muy importante. El temor y la culpa son los grandes enemigos de la humanidad.
La culpa no tiene sentido y es diferente a lamentarse. Lamentarse es el sentimiento que te dice que sientes haber hecho algo y que deseas no volverlo a hacer. La culpa es el sentimiento que te condena y no te permite redimirte sin importar lo que hagas o dejes de hacer. Lamentar algo te da poder, la culpa te paraliza.
El temor carece de sentido y es diferente a la precaución. Precaución es el sentimiento que te dice que te beneficiarías al ver hacia ambos lados antes de cruzar la calzada. El temor es el sentimiento que no te deja dar ni un paso. La precaución te da poder, el temor te paraliza.
El temor, como todos los sentimientos, crea vibraciones. Estos pueden crear tu realidad. Esto es así porque los sentimientos mueven la energía a tu alrededor y la energía es de lo que está hecha la vida. El temor es una energía, una vibración.
Todo es una vibración. La física cuántica, la teoría de las supercuerdas y su última versión, llamada teoría “M” dicen que todo lo que existe no está compuesto de minúsculos puntos de energía, sino de “cuerdas” circulares aún más que minúsculas, que vibran constantemente, a diferentes frecuencias. Estas cuerdas tienen la habilidad de interconectarse o unirse la una con la otra y crear “supercuerdas”.
¿Es posible que estemos creando vibraciones de “supercuerdas” con nuestra mente? Cuando entras a una habitación en donde haya habido una discusión, sabes que has entrado en una habitación con mala vibra. Puedes sentirlo. ¿Las personas que discutieron crearon esa vibra?
Puedes sentir los sentimientos en el aire. Y mientras más compacto sea el espacio, más fácil será sentirlos. Los sentimientos, es decir, la energía, se concentran en el espacio y mientras menos gente hay, menor será la mezcla de la vibración, lo que hace que sea más fácil identificar la energía.
Todos creamos variaciones en el flujo de energía a nuestro alrededor. Producimos fluctuaciones. Somos fluctuaciones. Somos alteraciones cambiantes del campo de energía que gira a nuestro alrededor. Nuestra fluctuación crea otras fluctuaciones, o “cambios” en los campos energéticos adyacentes a nuestro propio campo, y esos afectan los campos a su lado y aquellos a su lado y así sucesivamente, en una distribución eterna de energía que entran en contacto con campos de mayor influencia a mayor distancia de la Fuente original, pero con un impacto menor.
Cada pensamiento afecta a todo el mundo y hasta cierto punto, al mismo universo. ¿En qué medida? Probablemente no muy significativa, por la falta de enfoque y de consistencia de la energía que la mayoría de las personas emana.
Pero si esa energía se enfoca y se hace consistente, se convierte en un foco con la agudeza de un láser y así podría atravesar virtualmente cualquier obstáculo energético circundante, dándole una nueva forma a ese campo voluntariamente.
Muchas personas han aprendido a afectar profundamente su realidad personal. Viven la vida que escogen. Cuando muchos individuos escogen así colectivamente, la energía combinada del consciente colectivo puede tener una influencia inmediata y detectable sobre una realidad más grande en cualquier entorno. Esto podría afectar la vida misma sobre la Tierra.
El truco está en enfocarte y ser consistentes, el combustible es el sentimiento y la herramienta es el pensamiento. ¿Cómo te enfocas? ¿Cómo mantienes la consistencia? Hay un mecanismo fácil de comprender y de usar. La Intención.
Afectas tu energía creativa con tu intención a cada instante. Lo haces de forma consciente o inconsciente, pero todo el tiempo. En la medida en que tus intenciones te sean claras, en esa medida te vuelves conscientemente creativo.
En la medida en que tus intenciones nazcan de una agenda oculta de la que ni siquiera tú estes conscientes (reacción subconsciente) en esa medida se disipará tu energía y se te hace difícil producir un resultado en particular o deseado en tu vida.
La vida procede de nuestra intención.
Esto se ha dicho muchas veces. Ahora dale atención. Presta atención a tu intención. Libera culpa y temor como primer paso para obtener claridad sobre tus intenciones, porque el temor y la culpa sólo las nublan.












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