Una de las confusiones más extendidas en la vida moderna, es la propia Identidad. ¿Quién soy YO? ¿Soy mi Cuerpo? ¿Y si tengo un Cuerpo cuyo Peso no puedo bajar ni modificar? ¿Soy mi Alimentación? “Dime qué comes y te diré quien eres”… dicen…
Algo es muy claro. No eres tu Cuerpo, pero tu Cuerpo es tu tarjeta de presentación. Es el canal visual por el que transmites una Imagen personal. Como seguramente ya lo habrás averiguado, una Dieta no cambia nada… a largo plazo… ¿Qué opciones hay entonces?
Expresiones tales como: “Estoy en busca de mi Identidad” o “Estoy pasando por una crisis de Identidad” son usuales y corrientes. Solamente hay un tipo de confusión aún más grave que esta.
Cuando la persona está segura de “SER” alguien de poco o ningún valor. Entonces, ya no busca su identidad ni tiene dudas acerca de ella. Ya “sabe” quien es, y se dispone a seguir siendo “eso” hasta el fin de sus días. Una manera segura de sufrir y seguir sufriendo en el juego llamado Vida.
Esto suele expresarse mediante frases como: “Soy una persona muy depresiva”, “soy una mujer muy desesperada”, “soy un vendedor muy tímido”, o lo que sea.
En algunos casos, cuando la persona llega a un determinado “umbral de sufrimiento” y este se torna inaguantable, puede que decida hacer algo al respecto. ¿Qué alternativas se le presentan a alguien en esta situación?
Las mismas que se presentarían en una situación metafóricamente análoga:
Imagina que hay una fiera peligrosa que se interpone en tu camino. Debes o quieres llegar a un sitio, y el único camino hacia ese objetivo, esta bloqueado por esa terrible fiera (la fiera simboliza la terrible limitación personal que se interpone en tu camino por la vida):
ABANDONAR
Podrías rendirte a los pies de la fiera y dejar que te coma, o podrías rendirte a tu limitación dejando que esta haga de tu vida lo que tenga a bien hacer. La idea y actitud de fondo es: “No importa lo que haga o deje de hacer, esta situación (fiera), no desaparecerá. Lo mejor es suicidarme real o simbólicamente (hundiéndome en la apatía total).
HUIR
Podrías salir corriendo lo más rápido que lo permitan tus pies, le la fiera, o de las situaciones que te hagan consciente “quien eres”, convirtiéndote en un ermitaño social.
RODEAR
Podrías intentar dar un gran rodeo para despistar a la fiera y llegar por la parte de atrás a tu objetivo. Con una limitación personal, podrías decidir buscar caminos de alternativa donde no necesites confrontar ese hacho. Cambiar de pareja, de trabajo, de casa o de actividades, esperando haber despistado a la fiera, que desgraciadamente, tarde o temprano, vuelve a interponerse en tu camino.
IGNORAR
Puedes pretender que no hay ninguna fiera ni limitación y seguir avanzando hacia ella como si nada. La dificultad de esta opción, es que ni la fiera ni la limitación te despejarán el camino; a no ser que justo en ese momento se haya dormido. Esto te daría por supuesto, solo una leve ventaja temporal… mientras la fiera vuelve a despertar.
ENFRENTAR
Podrías enfrentar a la fiera con los recursos disponibles. Si tus recursos son pobres o inadecuados, es fácil prever el resultado del enfrentamiento. Si eres consciente de ello, puedes mejorar y aumentar tus recursos ANTES del enfrentamiento para subir tus probabilidades de éxito.
En el caso de la fiera, habría que considerar, aprender y practicar, las formas más apropiadas para enfrentar una fiera así. No necesariamente debe ser una escopeta o un rifle de alto calibre. Enfrentar no siempre significa matar. Los expertos usan maniobras de distracción, señuelos, domesticación o “alianza” propuesta (como a menudo se ilustra en “Animal Planet”).
Pero, ¿cómo se enfrenta ventajosamente una limitación personal?
La primera forma y la más simple de modificar un hecho o situación limitante, sea la que sea, consiste en aprender a modificar los pensamientos con los cuales la describes. ¿Con qué propósito? Uno muy simple.
La sensación de bienestar o malestar es disparada por lo que percibes en tiempo presente, por lo que recuerdas y por lo que imaginas. Es decir, tu atención se enfoca en alguno de los tres ámbitos temporales que percibe nuestra mente: Pasado, Presente o Futuro.
La fiera del ejemplo esta en el Presente (supongamos) y las limitaciones personales son recordadas o imaginadas, es decir, están en el Pasado o en el Futuro.
La fiera la vemos y la oímos AHORA. Las limitaciones debes recordarlas, aunque ya haya pasado o debes imaginar como se van a presentar mañana o pasado para poder ensayar de antemano, la forma en que vas a sufrir cuando llegue el momento.
Pero… ¿cómo haces para recordar o imaginar? Pones en tu mente IMÁGENES y SONIDOS, Algunos de esos sonidos son palabras. Ahora tenemos ALGO concreto para empezar a modificar COMO crees ser…
Toda imagen puede ser descrita con palabras, aunque no sea con exactitud, y casi todas las palabras tienen la cualidad de disparar imágenes. ¿Casi todas? Si, hay algunas palabras que no lo hacen. ¿Cuáles?
El idioma español tiene registradas unas 1,500.000 de palabras aproximadamente. Estas las puedes dividir en dos grupos. Las que generan imágenes y con ello emociones, es decir, significado y las que no lo hacen. Palabras como: el, la los, desde, con, y, entre, para… etc. Se trata de palabras que conectan otras entre si. No generan imágenes y no generan emociones porque carecen de significado sensorial.
Todas las demás palabras SI lo hacen: Sustantivos, verbos, adjetivos y adverbios. Producen imágenes y emociones porque les das significado. Lo que nos interesan son las emociones. Esas son las que dan o destruyen vida.
Y justo bajo estos criterios las puedes clasificar. Las que te hacen sentir mal y las que te hacen sentir bien. Solo es cuestión de intensidad. “Problema” tal vez te haga sentir peor que “desafío”, “firma” tal vez se siente mejor que “necio”.
Haz la siguiente prueba: Toma un diccionario y apunta al azar a unas 10 o 15 palabras. Nota la emoción que te produce. ¿Agradable o desagradable, leve o intensa? Cada día piensas unos 60,000 pensamientos.
Cada uno de ellos, puedes expresarlo en unas 15 palabras. 900,000 palabras al día. Tal vez un tercio de ellas son conectores sin significado. Te quedan 600,000 oportunidades al día para sentirte poco o muy bien o mal…
Ahora podrás entender la importancia vital de llevar a cabo una limpieza lingüística cotidiana, como bañarte o cepillarte los dientes. ¿Cuál puede ser la mejor selección de palabras para mejorar la forma cómo describes el acontecer cotidiano, la vida misma, tu persona, tu futuro… TODO?
Para probar lo que quiero decir, haz lo siguiente: En una hoja, anota unas tres o cinco descripciones limitantes que hablen de ti como persona. Esas descripciones que te hagan sentir mal. Utiliza frases cortas que se refieran a esas cualidades como persona QUE NO TE GUSTAN y que te gustaría que cambiaran.
Busca primero frases que se refieran a tu peso, tu silueta, tu figura, tu carácter o lo que sea que te disgusta. Evita análisis o reflexiones, solo apúntalo. Las frases que vas a usar, serán parecidas a estas: ”Soy muy gordo”… “Soy muy tímido”… “Soy muy depresivo”… etc.
Ahora, toman frase por frase, y has el siguiente trabajo de transformación de palabras. Te va a sorprender el efecto que eso tendrá en tus sensaciones, tus emociones y tu sentir. Es muy simple: toma la primera frase de tu lista y repítela un par de veces en voz alta, y mientras lo haces, dirige tu atención a las reacciones de tu cuerpo.
¿Qué sientes donde? ¿Cómo cambia tu respiración, tu ritmo del corazón, tu tensión muscular, tu pecho, tu quijada, tus puños, tu nuca… nota cualquier cambio que se dé mientras repites esa frase y nota cómo se siente peor: acentuando la frase al principio, en el medio o al final. ¿Cuál es la diferencia en tu cuerpo al decir: “SOY muy gordo”, “Soy MUY gordo” o “Soy muy GORDo”?
Puedes hacer ESTE mismo paso con todas las frases de tu lista, o hacer los pasos que siguen con esta primera frase y luego haces lo mismo con las demás. Toma la frase con la que estás trabajando ahora y agrégale una palabra especial, una palabra muy usual pero muy poderosa. Esta palabra es TODAVÍA. Antes de injertarla en tu frase, fíjate ¿donde se siente mejor, al principio o al final?
Suponiendo que la frase sea: “Soy muy gordo”. Siente donde se siente mejor: ¿“Todavía soy muy gordo” o “Soy muy gordo todavía”? En cuanto hayas elegido la versión que mejor se sienta, repite ESA versión varias veces, y mientras lo haces, fíjate cual es la diferencia de las sensaciones que sientes en el cuerpo.
¿Qué cambios notas en la respiración, en la tensión muscular y en todo lo demás? Cuando lo notes, calcula intuitivamente que mejora sientes en el cuerpo en por ciento. Si la frase original te molestaba un 100%… ¿A cuanto disminuyó ahora? 80%, 50%, 30%?
Hay algo que necesitas saber. Hay algunos casos, donde la palabra todavía produce un resultado desfavorable. La persona siente como si el todavía expresara la limitación a cambiar. ¿Cómo es posible TODAVIA seas así? Si este fuera el caso para ti, NO LA USES. Usa la palabra “AÚN” o una expresión como “HASTA AHORA”… o “HASTA EL DÍA DE HOY”…
Ahora usa tu nueva frase: “AÚN estoy muy gordo” o “Estoy muy gordo AÚN” o “HASTA AHORA estoy muy gordo”… o “Estoy muy gordo HASTA EL DIA DE HOY”… Simplemente nota cual frase se siente mejor. Cada persona es diferente.
Es muy importante que notes lo siguiente: No estás diciendo algo que NO CREES, como te recomendaban hacer allá por los setentas, durante el apogeo de la filosofía del pensamiento positivo: Si repites para ti mismo: “Estoy muy delgado”… o “Estoy muy esbelto”… aunque lo repitas una y otra vez… si te miras en el espejo… No lo vas a creer!…
Nota también, que al utilizar un adverbio de tiempo como “todavía”, “aún” o “hasta ahora,” no estás negando lo que consideras un hecho. No estás contradiciendo el hecho de que pienses que actualmente tienes una figura que no te gusta.
Pero este adverbio de tiempo, simplemente está modificando desde el interior la duración del programa original: TODAVÍA, significa que así fue y que así es. Punto. No dice nada de mañana, no dice nada del FUTURO. De eso se trata. ¡Por eso funciona como funciona!
Ahora vuelve por un momento más a la frase que estabas trabajando. Hay un cambio adicional que vale la pena intentar para comparar si te hace sentir mejor aún. Casi siempre sucede así, pero si no es el caso, no importa. Entonces conservas de aquí en adelante tu frase con la primera modificación, por ejemplo: “Estoy muy gordo todavía”. Haz la prueba de todas maneras y después decides.
Para hacer esto, busca y encuentra el adjetivo contrario y opuesto a “GORDo”. Puede ser: “delgado”, “esbelto”, “ágil” o lo que mejor represente para ti la condición deseada. Vamos a suponer que escogiste: “Esbelto”.
Ahora construye la frase: “No estoy tan Esbelto como…” y aquí agrega el verbo que mejor te haga sentir. Antes de decidir, haz la prueba repitiendo en voz alta cada opción hasta que puedas decidir:
“No estoy tan Esbelto como quiero…” genera el impulso de lograrlo como meta. “No estoy tan Esbelto como quisiera…” te genera el deseo de lograrlo. “No estoy tan Esbelto como puedo…” te hace concienciar tu habilidad de lograrlo. “No estoy tan Esbelto como podría…” te genera la esperanza de la posibilidad. “No estoy tan Esbelto como me gustaría…” te genera deso…“No estoy tan Esbelto como me merezco”… genera mayor autoestima o lo que sea.
La regla es muy simple: USA lo que mas te guste y mejor se sienta!
Finalmente, agrega a esta frase el “todavía”, “aún” o “hasta ahora”. Ya sabes como escoger. La versión final de tu primera frase de la lista, puede haberse transformado de: “Estoy muy gordo”… a, por ejemplo:“No estoy aún tan Esbelto como… me gustaría…”
En cuanto encuentres esa mejor versión, repítela en voz alta y con ojos cerrados varias veces notando que cambios adicionales hay en tu cuerpo. ¿A cuánto mas disminuye en porcentaje el malestar original? ¿Llegó al 0%, o casi?
Tal vez pasó incluso a sentirse agradable… Como si hubiera esperanza… Repito: conserva en cada caso la frase en su versión MENOS incómoda o MAS agradable…
Imagina lo que puede pasar, cuando TODAS las frases limitantes que pudieras encontrar en tu forma de ver la vida, empiecen a causarte una reacción positiva, agradable o por lo menos neutral. El cambio se va dando poco a poco sin que necesariamente lo notes en el momento que sucede.
Te darás cuenta que sucede, porque cuando tomas una de las frases que ya hay trabajado y la pronuncias, puede ser que una protesta interna surja y diga: “¿Cómo que soy muy obeso todavía’…? ¡No! ‘todavía no estoy tan esbelto como quiero”… o incluso puede pasar que una frase nueva salte a tu conciencia: “Cada día me acerco más a la Esbeltez Natural que sé que tendré”…
Criterio: Debe sentirse bien, y debes creerlo!! Eso es todo. Bueno, ahora tienes bastante trabajo que hacer: Usar estas “Palabras Alquímicas” para cambiar tu reacción emocional hacia las situaciones o condiciones limitantes. Más importante que saber lo que hablas y lo que piensas, es saber CÓMO le haces para hablar y pensar lo que hablas y lo que piensas.
Mucho se ha repetido: “Piensa antes de hablar!” Yo te digo: Si sigues ese consejo no es mucho lo que cambiarás. Si piensas, ya es demasiado tarde. Eventualmente ya usaste alguna de tus 600,000 palabras del día para meterte un auto gol! Mejor…
“PIENSA antes de pensar!!!”












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